Landázuri Carlos y Grijalva Adriana, editores, Fotografías históricas del Ecuador siglo XX, Colección imágenes, v.11, Quito: Banco Central del Ecuador, 2003.
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Presentación
Incendio en la Universidad Central, 1929
En la noche del 9 de noviembre de 1929, el antiguo edificio de la Universidad Central sufrió un pavoroso incendio que destruyó aulas y oficinas así como laboratorios y la gran biblioteca. Los restos de un mamut, descubiertos poco ha en el valle de los Chillos, también fueron pasto de las llamas. Este incendio fue una gran pérdida para la cultura nacional y suscitó, de inmediato, una colecta pública para recoger fondos que ayuden a la restauración de la casona.
Fotógrafo: Ignacio Pazmiño
Fotografía:37
Fuente: Dr. Miguel Díaz Cueva
Arriba en el palacete, unos pocos hobres luchan con las llamas, cuerpo a cuerpo. ¡Inútil heroísmo! Abajo, la multitud desparvorida, lucha con gritos roncos de impotencia. Adentro, profesores y estudiantes, como posesos, víctimas del más espantoso dolor, se agolpan , se atropellan, se precipitan contra el fuego, y, ante la inutilidad de sus esfuerzos, vierten lágrimas como niños inermes e indefensos...El cuadro es conmovedor y entorpece toda acción...
desde el tercero, ya llegan las llamas, desafiantes, al primer piso. En los millares de libros de la Biblioteca y en los papeles del Archivo encontrarán el más regalado pasto. Un instante más y los tesoros de la ciencia y de la historia no serán sino un montón informe de cenizas...
Empero, los profesores, los estudiantes, los mejores hijos del pueblo, están resueltos a todo: vencer o a morir. Y el espíritu de sacrificio, cuando hay compresnión y amor por una causa, se enardece tanto m´`as cuanto mayor y más inminente es el peligro. Y, en un bloque cerrado, allá nos fuimos y, desesperadamente, salvamos los libros y los papeles, que fueron arrojados, en un instante, en uno de los patios, donde semejaban, poco después, una montaña sagrada, ya inaccesible al devorador elemento. nos parece ver todavía la silueta, perfilada, enternecida, agitada y nerviosa, de Ernesto Älbán Mestanza que, en vos implorante, pedía auxilio para salvar los amados, los predilectos libros.
Después...calma en el ambiente y angustia y dolor en los corazones de cuantos comprendían la magnitud de la catástrofe.
Tres horas escasas habían bastado para devastar la sagrada casona universitaria. El pueblo de Quito asistía, sorprendido, dolido, a las postrimeras refulgencias trágicas. De lo que fuera, pocas horas antes, gallardo templo de la ciencia, blasón y orgullo de la capital ecuatoriana, no quedaban sino los muros pétreos, calcinados y desnudos, como una gloria que se esfuma, como una vida que se apaga, como un sol que desfallece..."
Luis Felipe torres, Horizontes, Revista mensual de Educación y letras, Quito, no.5, noviembre de 1929, p.210-11
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